Juan de los muertos.
Muertos con “sabor” caribeño.
TITULO: JUAN DE LOS MUERTOS
PAIS: ESPAÑA-CUBA (2011)
DIRECTOR ALEJANDRO BRUGUÉS
GENERO: COMEDIA, ZOMBIS
Desde que George A. Romero (La Noche de los Muertos Vivientes -1968) posiciono el género hasta llegar a un grado de abuso entre sub-géneros y diversas categorías. Esta ha ido pasando por propuestas interesantes como The Evil Dead (Sam Raimi-1981) o “realistas” como 28 Días (Danny Boyle-2002), insuficientes como Guerra Mundial Z(Marc Foster-2013) o la saga Resident Evil (2002), además de incontables series de TV con
gran éxito como The Walking Dead (2010) o comedias como Nation Z (2014). El género “zombi” (indiferentemente llamado así, ya sean zombis o infectados) ha gozado de gran aceptación y un nicho especial dentro del mundo cinematográfico y televisivo.
Aunque acaparada por propuestas norteamericanas o europeas en su mayoria, esto ha provocado al público en general cierto desconocimiento (no solo del genero) sino sobre el cine cubano, que cuenta con interesantes producciones como Fresa y Chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío-1993, nominada a Oscar a Mejor Película Extranjera) y hasta películas animadas como la genial ¡Vampiros en La Habana! (Juan Padrón-1985).
En 2011 se presenta una curiosa propuesta que toma el género zombi como punto de partida, añadiéndole
comedia y que nos termina dando como resultado una pequeña joya.
“Yo soy un sobreviviente. Sobreviví a la guerra de Angola, al Mariel, al período especial y a esta cosa rara que vino después”. Así se presenta Juan, el protagonista de esta curiosidad fílmica, un héroe improbable, holgazán, vividor, patriotero (si revisamos el historial de sobrevivencia de Juan, resultan ser etapas importantes de la historia cubana, demostrando que sí es un sobreviviente) pero irresponsable, con una hija que no tolera incluso verlo. Pero resultando un visionario que aprovecha la oportunidad de emplear la muerte para iniciar un curioso negocio junto a amigo Lázaro, otro perdedor sin aspiraciones, con problemas existenciales y carente de afecto.
La historia es simple, de pronto un virus afecta a la población incitándoles a atacarse entre ellos y provocando una necesidad de consumir carne humana, pronto el caos estalla y con ello las teorías de conspiración sobre la
responsabilidad de Estados Unidos de esta peste (las referencias así son comunes en toda la película). Juan termina diagnosticando la situación, son zombis.
El humor negro es característico en la película, el sentido paródico pero que a la vez se convierte en un arma para juzgar y criticar la realidad cubana y a la “revolución” a través de la libertad creativa, el hecho de llamar disidentes (políticos) o yanquis a los muertos vivientes es prueba de ello, los toques de humor político nos pueden encantar si no nos ponemos tan severos con el tema.
Bajo el slogan “Juan de los Muertos, matamos a sus seres queridos”, Juan junto a su grupo de extraños y variados personajes (entre ellos un travesti con una puntería extraordinaria y un fortachon que se desmaya al ver sangre) se dedican a liquidar a los familiares muertos por una módica suma. El usar el punto de vista de sobrevivencia al virus y no a su origen, apoya a la película para hacerla interesante en términos de acción, a pesar de que la actuación no es de lo mejor, resultan precisamente los personajes un equilibro a la película, contando con unos gags muy buenos entre ellos, que consiguen las risas que se proponen, la dirección o los efectos (que no son nada malos) tienen sus “peros”, pero es en la totalidad lo que hace inexplicablemente entrañable esta película.

El exilio, la carencia de expectativas en general, burlas hacia el sector salud cubano (alabado en varios contextos) o situaciones extrañas en sitios emblemáticos de La Habana son otros ejemplos, por lo tanto la crítica y autocrítica de la película es interesante de observar, demostrando que la censura en el pueblo cubano puede seguir siendo tema a discusión.
Difícilmente la película aparecerá entre las grandes obras de la cinematografía mundial por méritos cualitativos, ya sean efectos especiales, sonidos o la actuación; sin embargo su honestidad y el cariño con el que fue hecho, así como no pretender más allá y así como en las palabras de Juan, “denme un filo y yo me las arreglo”, hay que darle la oportunidad de un visionado a la película, que se las arregla en ser un divertimento que difícilmente se olvida.
hachedezeta
